Hablar de opinión pública y ‘columnas de opinión’ por cuestiones de rutina es confuso. Los “líderes” que escriben comentarios donde adjetivan y otros más agudos argumentan con juicios de valor, sin mencionar adjetivo alguno son más sutiles. Las ‘columnas de opinión’ de cualquier periódico, blog, impreso o no, suelen escribirse en primera persona y por lo tanto es lo que escribe alguien que ha vivido una experiencia leyendo noticias como son las de política entre otras de justicia... Recuerdo que alguien alguna vez me habló de Harold Bloom, Cómo leer y Por Qué, pero allá él con su Canon Occidental. Pues no se trata de escribir la lista de cuál es el mejor o el peor comentarista con criterio propio, tengo mis preferidos y otros que son muy odiados, como ser humano, pues nunca será opinión pública, mejor dicho lo que dice generalizarse como si los demás no tuvieran opinión propia, peor aún las encuestas de opinión pública que preguntan, muchas únicamente sobre la imagen positiva o negativa que tiene el encuestado y es una muestra. El analista que llaman al programa de televisión es decirle al televidente, él opina pero usted no, llaman al analista porque el televidente no analiza. José Obdulio Gaviria en Cablenoticias alguna vez presentó un programa donde hablaba de libros que leía para televidentes que no entienden la escritura política entre lineas, una cuestión de filosofía Obduliana, mal interpretación e irresponsable de Maquiavelo, Carl Schmitt, Francisco de Vitoria entre otros que lee el ideólogo de la reelección presidencial.
Se trata de escribir con números, pero no con un único significado. Entonces la corrupción que es de antaño se entiende que el erario con redundancia pública, ¿cuánto fue con lo que se presupuestó y quiénes son?, pero esto son unas simples dudas. Pienso que el problema de la corrupción primero para solucionarlo es reconocerlo, comentario que comparten muchos, que al parecer son una élite de políticos y entre otros ‘empresarios’, que son pocas ‘empresas de contratación’ que imponen los requisitos de los oferentes, que tienen la persuasión, mucho dinero para sobornar, además concentran técnicas y conocimiento para ejecutarlas, sin saberse con evaluación de impacto qué tanto desarrollo, calidad, beneficio, habitabilidad…Tiene lo construido. Ejemplo deben leer - es increíble que se inaugure un aeropuerto que no tuvo un estudio de factibilidad y rentabilidad - donde no aterrizan vuelos comerciales, noticia de la página de internet Las2Orillas. Según un artículo académico que publicó Razón Pública, se estima que es un 1% aproximado lo que se destina de la contratación para la realización de estudios para saber supongo la rentabilidad y la factibilidad de una política pública o saber si en consecuencia habrá o no más desarrollo con los “elefantes blancos”. Es más se podría afirmar que un 99% de las inversiones públicas no se sabe – más allá de la intuición – qué resultados pueden tener, ni mucho menos se hacen en un 99% evaluaciones de impacto y efectos, entiéndase que pueden ser externalidades positivas o negativas, qué causa lo que se construye.
Las inversiones públicas como refinerías, ferrocarriles, aeropuertos a gran escala, aun no se sabe de algún literato o escritor bueno que me eche el cuento futurístico de los llanos colombianos, pero que sea no escrito en clave de discurso,. Eso debe ser primero literatura de mercado pues inversiones así cuando no se ven los resultados, causan dudas y mucha sospecha por el dinero que se destinó. Es comparable con “Hagamos América Grande Otra Vez” si únicamente está hablando de un futuro que no se refleja ahora en políticas de impuestos y educación técnica y profesional, impuestos o no que hacen que las dinámicas económicas propias de la industria y el comercio funcionen con conocimiento e información de los mercados, es lo que afirmo desde las libertades económicas. Los gobernantes no se deberían dedicar en este aspecto de hacer negocios no únicamente por los conflictos de intereses, por querer tener una estación de gasolina y querer “ser millonario” como dicen que son los petroleros, incluso así quieren ser los contratistas. Además decir peor antes o después en tiempos de política electoral “Juntos Construyendo”. Construir una refinería para que después sean técnicos extranjeros los que la dirijan. La pregunta será qué no habrá ¿No existe en Colombia una empresa privada que pueda construirla, con lo qué necesita una industria así?, será que, él de la idea sabe que estaría compitiendo con Barrancabermeja, Cartagena donde allá se invirtió en proyectos similares y también que han causado sospecha, recuerde que a Ecopetrol la han querido privatizar o vender, después como ISAGEN.
La automatización industrial, las líneas de producción, los diagramas con los que se entienden los procesos de cómo resulta un bien o servicio en un mercado. El uso de sistemas de información “Big Data”, conocer los clientes y lo qué desean o necesitan. Se podría utilizar para formular políticas públicas que están enmarcadas en el paradigma del desarrollo, el Teorema de la Imposibilidad de Arrow sería la problematización para elaborar algoritmos en computadores cuánticos que definiendo problemas sociales y económicos, programándolos en un procesador responderían cuál de las preferencias (necesidades, deseos, intereses generales o particulares) se escogen, si son complementarios, integrados, reflexivos y transitivos. Entonces las políticas según los Planes de Desarrollo se diagnosticarían según con “dominio no restringido”, sin un “dictador”, serían políticas formuladas con la “Eficiencia de Pareto” y con “independencia de alternativas irrelevantes”. Software de informática que reproduzcan un gobierno en línea y un gobierno abierto, es más jubile y remplace burocracia, hasta uno que otro congresista ineficiente con su clientela y justifique el uso o no de subsidios. Entonces la política en la “Era de la Informática” tiene sentido cuando más que un analista de sistemas, saben de lenguajes de programación, sin que mencione fórmulas retóricas en el discurso político.
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