Se dice que, los problemas de gobierno, su expresión es la crisis y en muchos casos se manifiestan en protestas, paros y oposición a decisiones que no tenían en cuenta las consecuencias como tampoco se formulan desde las causas que originan los problemas.
El alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa en el 2016 su gobierno, no inicia con decisiones que proponen una solución, son crisis que responde con órdenes a la policía, recurre a un discurso persuasivo con mucha imaginación y poco cálculo, algo que trata de mostrar mejorado en perspectiva desde lo mediático.
El tener un encuentro con los periodistas, la señora que trabaja en la informalidad, en la calle, atendida por el propio alcalde, mientras que son muchos más los que no tendrán un encuentro así, tampoco hay una solución al problema de la informalidad, de todos, 50.000 vendedores ambulantes, número aproximado que según tiene la ciudad, a cada uno que trabaja en una condición así ofrecer una alternativa. Es porque el alcalde está suponiendo que el problema es de autoridad, coacción, represión y no de trabajo, de ingresos, ocupación, quiénes demandan los productos que se venden, el contrabando que ingresa a la ciudad y de los proveedores intermediarios que sí les conviene un mercado informal como el descrito.
El problema de Transmilenio pienso, la causa es que la ciudad nunca se construyó para tener un sistema de transporte así, aunque en comparación es mejor que el transporte masivo e informal que tuvo la ciudad, al principio las vías se pensaron para que los vehículos privados o particulares se movilizaran. Nunca se construyeron con paraderos adecuados y después de construida la ciudad se hace una adaptación en las vías para que intente funcionar. La autopista norte y la sur como las demás troncales de Transmilenio que se construyeron, un conductor en cualquiera de los sentidos que se desplace puede identificar que Transmilenio hace una especie de zigzag en el desplazamiento, algo que impide mantener la velocidad constante, además hace “embotellamiento” un trancón cuando se congestiona. Los separadores son áreas verdes que no ofrecen mayor ornato y no mejoran la movilidad ni el orden y la jerarquía de la velocidad en las vías. Las áreas de expansión de la ciudad tampoco se diseñaron para que ahí funcione un sistema como Transmilenio, mucho menos un metro. Por ser una adaptación el sistema de transporte formal y que intenta funcionar “organizado”, modelos que no se pensaron para que a largo plazo fueran eficientes en una ciudad como Bogotá. Es tener en cuenta que la ciudad ya está construida, ahora los límites que tiene se debaten entre construirse o mantenerse como reservas forestales.
Hay urbanistas que proponen que los problemas de movilidad y circulación se solucionan con la ubicación de áreas de trabajo y educación con relación a las áreas de residencia, pero como la ciudad el centro no se recuperó en su momento, lugares en la localidad de Santa Fe tampoco, y muchas partes más. El concepto de gentrificación no se desarrolló. La economía de aglomeración es dispersa, la ciudad tiene varios centros financieros y comerciales que no se ubicaron para que respondieran a un problema de movilidad; la 72, la avenida el Dorado, la calle 100, la 116 con carrera séptima…La población que vive a distancia de sus lugares de trabajo y estudio necesita tener algún medio de transporte. Pienso que es eso lo que se debe entender primero y así construir un sistema de transporte o mejorar el existente. Recuperar lugares de la ciudad y si el centro es un problema, no construir en sitios apartados otros centros financieros y comerciales. Se debe recuperar y renovar los existentes y expandirlos ¿Qué la carrera décima y el centro internacional, sus alrededores debieron ser los lugares de expansión y concentración de actividades comerciales, financieras con un uso también residencial?
Es un discurso imaginado e iluso que se debe calificar así. Bogotá nunca ha tenido como lugar central o eje el río Bogotá, el alcalde cree que el río puede tener como paisaje, la imitación del río Sena en París, el Támesis en Londres. En su campaña comparaba como sería con áreas duras, construido alrededor con edificios financieros y comerciales, hasta supone ampliar el cauce del río. Su imaginación era parte del programa de campaña y con eso convencía porque muchos creen que esto debe ser como Europa, desconociendo que el río tiene su propia historia y paisaje, que nunca ha sido una necesidad lo que propone en construcción, ni es un problema, mucho menos el tamaño del río permite la navegabilidad masiva. En cambio sí la contaminación, problema que es más departamental y de la Corporación Autónoma de Cundinamarca, lo único que debe hacer la ciudad es depurar el agua residual que vierte, es decir mejorar las plantas de tratamiento que tiene de alcantarillado, además sancionar las fábricas que no cumplen con medidas ambientales.
Con la reserva forestal Thomas Van Der Hammen, parece que quiere aprovechar el área por el paisaje que ofrece, como él se lo imagina, sin calcular dónde trabajan los que ahí vivirán, si densificar el lugar soluciona o empeora la movilidad por la autopista norte. La construcción en densidad vertical en los cerros y en otras partes hace que más personas avancen por las mismas vías que fueron pensadas para que se movilizaran los que antes vivieron en casas de uno o dos pisos, máximo tres. La ciudad ya no tiene para donde expandirse, tampoco ofrecer trabajo digno para miles de vendedores informales y ambulantes. Es difícil movilizarse, pero dejemos que la imaginación del alcalde nos proponga algo distinto, iluso, que únicamente puede ser mostrado en los medios como la realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario