La pandemia declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en año 2020, su causa, según informan, fue por la inoculación desde el pargolín o el murciélago, entre otras explicaciones, la aparición del virus en los humanos.
El aumento de los contagios y que se esparcían por el mundo
con aceleración, la volatilidad, los diferentes índices bursátiles, monedas,
precios, acciones de empresas, commodities,
alrededor del mundo, las noticias
financieras, mostraron, hasta alcanzar
mínimos históricos.
Entre el aburrimiento, lo que pensaba, retomé el repaso de
lecturas militares, asuntos geopolíticos, defensa y seguridad, la guerra por
ataques biológicos, nucleares y químicos, de viejos libros que compartí con
compañeros del colegio y que los vendían en la papelería y librería Panamericana
en los años 90’s. Uno de ellos después decidió la vida militar, falleció
en un accidente de helicóptero. En la biblioteca, hay también unos libros de un
oficial de la escuela militar de cadetes, alguien de mi familia fue su
acudiente.
Por lo anterior y como plan de supervivencia. Adapté un
traje NBQ, compre varias máscaras antigases, ante ojos de seguridad o gafas de
protección, con sobrero que disimulaba las prendas, me vestí con una vieja
sudadera de invierno, medias con cobertura impermeables, tenis, que evitaban
que la piel como las extremidades estuvieran en contacto con el exterior.
Dispuse de soluciones a base de alcohol y jabón que limpiaban las prendas
completamente al regresar como la cobertura de los alimentos, adapté la entrada
donde vivo para mantener el aislamiento y cambiarme antes de ingresar a la
vivienda, una vez me aseaba afuera, ingresaba. Me atreví a estar muy cerca de
hospitales, y quienes padecían el virus, quería ver lo que pasaba, salía a caminar hasta tarde, mientras duró
la parte más severa del confinamiento o cuarentena, discreto y mimetizado entre el cromatismo de la ciudad. Las narrativas y cuentos del origen de la pandemia. Virtualmente y según las Noticias. Mientras no había nada más que hacer, retomé prácticas de vuelos
recreados con simuladores de vuelo, vías de escape por tierra o en vehículos
por la ciudad, la identificación de lugares seguros, prepararme para
sobrevivir en ambientes hostiles, el panico y la insertidumbre en todo momento. Lo que más me alarmó fue la escasez, los
primeros días, el estado de shock de la población, no sabía en qué momento cada
quién lucharía por su supervivencia, sumada la realidad, la indignación, lo observado al final
del 2019, el Paro Nacional y sus protestas.
La imagen más impactante y que recuerdo con impresión, fue
la transmitida por varios medios internacionales de un vuelo internacional que
aterrizaría en Guayaquil, Ecuador. La pista fue cerrada y en ella parqueados, los
vehículos de servicio del aeropuerto para evitar de cualquier manera el aterrizaje.
Vuelo del que tenían sospecha de contagios. – No lo podía creer- que los
militares como los demás organismos de atención de emergencias, de las
naciones, no tuvieran la capacidad de adecuar un aeropuerto, base aérea
militar, para contar allí con laboratorio móvil, hospital de campaña,
alojamiento especial y la atención suficiente, médica para evitar en su lugar
más riesgos. El vuelo fue desviado a Quito.
Desde el 11 de septiembre del 2001, no se veía cambio alguno
en los pasos fronterizos, entradas a museos u otros sitios de interés, los
abordajes a vuelos tanto internacionales o nacionales por la seguridad. De esta
manera, así con la pandemia 2020, los protocolos de bioseguridad, establecen la
nueva “normalidad”, para afrontar la emergencia. Y esto, tanto lo ocurrido en
New York, determinó el presente y el futuro del mundo, lo que significa más
fortalecimiento del Estado nación, su poder coercitivo y de control, entrar o
salir a cualquier lugar público y a espacios privados de encuentros
multitudinarios o entre pocos, están bajo vigilancia y la bioseguridad.
Sin el poder coercitivo, como concepto fundamental para
entender el Estado Nación y su autoridad, pero en el marco jurídico, la
responsabilidad civil, los eventos masivos y públicos, actividades comerciales
y productivas, los contagios, el ser contagiado o contagiar, los procesos
legales, en cuanto a los requisitos, como lo pueden ser las vacunas y tener
autorización de entrar o salir a un lugar, los protocolos de bioseguridad de
higiene y limpieza, y demás obligaciones, moldean las conductas individuales
hasta mitigar y evitar de nuevo la emergencia. Con la organización
establecida de los servicios de salud, privados y públicos, para atender además
de pandemias otros eventos que requieren la misma atención, entre otras
emergencias.
La “Tormenta Perfecta” en las bolsas del mundo, “el paseo
aleatorio por Wall Street”, durante la emergencia a modo de simulación, la
recuperación de las inversiones, para los que tuvieron la confianza en que
volvería todo, o parcialmente, a la normalidad desde su punto mínimo, algo que
no se ve o se comprende por cualquier otra decisión política o del ámbito financiero,
como la causada por la pandemia, los rescates financieros y la emisión de deuda,
el retorno de actividades económicas y actividades con altos
valores agregados, como el turismo y los bienes de lujo. La “nueva normalidad”,
la adaptación a los cambios de comportamientos se refleja en la continuidad de
la producción, los mercados, las libertades y con la recuperación
económica.
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