lunes, 11 de enero de 2021

Año 2020

La pandemia declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en año 2020, su causa, según informan, fue por la inoculación desde el pargolín o el murciélago, entre otras explicaciones, la aparición del virus en los humanos.

El aumento de los contagios y que se esparcían por el mundo con aceleración, la volatilidad, los diferentes índices bursátiles, monedas, precios, acciones de empresas, commodities, alrededor del mundo, las noticias financieras, mostraron, hasta alcanzar mínimos históricos.

La incertidumbre fue el estado mental de los mercados y la 'confianza inversionista', no se sabía hasta ese momento, si esto terminaría y si todos, al final de este fenómeno correspondiente a la salud pública, la sanidad y lo biológico, terminaríamos con vida o sin ella, la coordinación o información al parecer más acertada era el número de contagios, hasta que comenzaron los primeros rescates financieros y todo se recuperó, con su curso la reactivación de actividades económicas, entre las que más impulsaron el retorno, están los sectores farmacéuticos, productos de salud, tecnologías de la informática y las comunicaciones, transportes de carga, alimentos, servicios de mensajería o domiciliarios, financieros, retails, entre otros. 

La suerte y el destino quedó bajo las decisiones políticas, gobernantes según sus facultades extraordinarias decretaron confinamientos, cuarentenas, limitaron libertades, concentraron la adquisición de las vacunas, siguieron, casi todas, las mismas imposiciones del régimen Chino, controlaron la situación hasta donde tuvieron el poder, todo cambió, las rutinas en la calle, los hábitos de compra de bienes esenciales y la vida en casa, el estudio y el trabajo, los amigos, la familia. 

La disyuntiva que contemplé estaba entre el autocuidado, individualmente mantener la distancia, la prudencia, la templanza, organizarnos como sociedad civil, crear una red de vecinos, amigos y familiares, la solidaridad, procurar la atención de los débiles, prioridad para ellos, y en los cuidados de la salud. Continuar siendo libres, sin restricciones a la movilidad, pero manteniendo el orden, principios, protocolos. La realidad opuesta, someternos al poder coercitivo de los gobiernos, restringir libertades de circulación e interacción social, el distanciamiento, obedecer al ‘establecimiento’, legitimarlo, y mantener el statu q, con todos sus privilegios. Frente al poder político, el Estado y su gobierno, con facultades excepcionales, -no hay nada que hacer-, más aún cuando las conductas de los demás acatan lo impuesto por imitación, y al no hacer caso, castigados por las autoridades con severidad, someternos sin crítica, opinión y completa obediencia a los designios correctos o no de los gobernantes.

Entre las teorías conspirativas, el virus fue creado para controlar la natalidad y la sobrepoblación, y los poderosos capitalistas detentar más el Estado, según su pensamiento de revisionismo tipo marxista o maltusianismo demográfico, que el microchip en las vacunas instalado con señal radio, tv y 5G a la espera de su invención; la humanidad no es la primera vez que narra sobre una pandemia,  entre otros virus o pestes están en la historia desde los tiempos biblicos y clásicos, la humanidad ha resuelto como enfrentarlos desde el higenismo y con los avances en la medicina, la veteninaria y las investigaciones para evitar el contagio de virus, bacterias, parasitos de los animales a los humanos.  

Entre el aburrimiento, lo que pensaba, retomé el repaso de lecturas militares, asuntos geopolíticos, defensa y seguridad, la guerra por ataques biológicos, nucleares y químicos, de viejos libros que compartí con compañeros del colegio y que los vendían en la papelería y librería Panamericana en los años 90’s. Uno de ellos después decidió la vida militar, falleció en un accidente de helicóptero. En la biblioteca, hay también unos libros de un oficial de la escuela militar de cadetes, alguien de mi familia fue su acudiente.

Por lo anterior y como plan de supervivencia. Adapté un traje NBQ, compre varias máscaras antigases, ante ojos de seguridad o gafas de protección, con sobrero que disimulaba las prendas, me vestí con una vieja sudadera de invierno, medias con cobertura impermeables, tenis, que evitaban que la piel como las extremidades estuvieran en contacto con el exterior. Dispuse de soluciones a base de alcohol y jabón que limpiaban las prendas completamente al regresar como la cobertura de los alimentos, adapté la entrada donde vivo para mantener el aislamiento y cambiarme antes de ingresar a la vivienda, una vez me aseaba afuera, ingresaba. Me atreví a estar muy cerca de hospitales, y quienes padecían el virus, quería ver lo que pasaba, salía a caminar hasta tarde, mientras duró la parte más severa del confinamiento o cuarentena, discreto y mimetizado entre el cromatismo de la ciudad. Las narrativas y cuentos del origen de la pandemia. Virtualmente y según las Noticias. Mientras no había nada más que hacer, retomé prácticas de vuelos recreados con simuladores de vuelo, vías de escape por tierra o en vehículos por la ciudad, la identificación de lugares seguros, prepararme para sobrevivir en ambientes hostiles, el panico y la insertidumbre en todo momento. Lo que más me alarmó fue la escasez, los primeros días, el estado de shock de la población, no sabía en qué momento cada quién lucharía por su supervivencia, sumada la realidad, la indignación, lo observado al final del 2019, el Paro Nacional y sus protestas.      

La imagen más impactante y que recuerdo con impresión, fue la transmitida por varios medios internacionales de un vuelo internacional que aterrizaría en Guayaquil, Ecuador. La pista fue cerrada y en ella parqueados, los vehículos de servicio del aeropuerto para evitar de cualquier manera el aterrizaje. Vuelo del que tenían sospecha de contagios. – No lo podía creer- que los militares como los demás organismos de atención de emergencias, de las naciones, no tuvieran la capacidad de adecuar un aeropuerto, base aérea militar, para contar allí con laboratorio móvil, hospital de campaña, alojamiento especial y la atención suficiente, médica para evitar en su lugar más riesgos. El vuelo fue desviado a Quito.   

Desde el 11 de septiembre del 2001, no se veía cambio alguno en los pasos fronterizos, entradas a museos u otros sitios de interés, los abordajes a vuelos tanto internacionales o nacionales por la seguridad. De esta manera, así con la pandemia 2020, los protocolos de bioseguridad, establecen la nueva “normalidad”, para afrontar la emergencia. Y esto, tanto lo ocurrido en New York, determinó el presente y el futuro del mundo, lo que significa más fortalecimiento del Estado nación, su poder coercitivo y de control, entrar o salir a cualquier lugar público y a espacios privados de encuentros multitudinarios o entre pocos, están bajo vigilancia y la bioseguridad.

Sin el poder coercitivo, como concepto fundamental para entender el Estado Nación y su autoridad, pero en el marco jurídico, la responsabilidad civil, los eventos masivos y públicos, actividades comerciales y productivas, los contagios, el ser contagiado o contagiar, los procesos legales, en cuanto a los requisitos, como lo pueden ser las vacunas y tener autorización de entrar o salir a un lugar, los protocolos de bioseguridad de higiene y limpieza, y demás obligaciones, moldean las conductas individuales hasta mitigar y evitar de nuevo la emergencia. Con la organización establecida de los servicios de salud, privados y públicos, para atender además de pandemias otros eventos que requieren la misma atención, entre otras emergencias.

La “Tormenta Perfecta” en las bolsas del mundo, “el paseo aleatorio por Wall Street”, durante la emergencia a modo de simulación, la recuperación de las inversiones, para los que tuvieron la confianza en que volvería todo, o parcialmente, a la normalidad desde su punto mínimo, algo que no se ve o se comprende por cualquier otra decisión política o del ámbito financiero, como la causada por la pandemia, los rescates financieros y la emisión de deuda, el retorno de actividades económicas y actividades con altos valores agregados, como el turismo y los bienes de lujo. La “nueva normalidad”, la adaptación a los cambios de comportamientos se refleja en la continuidad de la producción, los mercados, las libertades y con la recuperación económica.

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